Coincido con muchos cuando dicen que el rostro humano es un elemento increíble, y de ahí a mi admiración por los retratos. En el retrato tradicional, la cabeza se divide en “proporciones clásicas” donde la relación de distancias entre sí está dentro de un cierto rango de aceptación.
Si os habéis fijado alguna vez como hacen sus caricaturas los dibujantes de calle (véase la Plaza Mayor, Retiro, Ramblas, etc..) , veréis que normalmente empiezan dibujando minuciosamente los ojos, y después van añadiendo alrededor la nariz, orejas, boca, barbilla… (sobre todo estos últimos exagerando sus formas). Esa exageración es fácilmente visible ya que comparamos con los ojos que están dibujados digamos que a escala comparativa, así, el pintor juega con una escala diferente al retrato tradicional pero manteniendo una proporción constante para que identifiquemos fácilmente al retratado.
Kristina Laurendi en un reciente post en su blog sobre los ojos (Eyes – Details from some of my portrait work), afirma que sus retratos no están terminados a menos que los ojos no estén perfectos, siendo lo más importante del dibujo ya que un pequeño error puede desfigurar a toda la cara.
Estoy de acuerdo con ella, ya sea el tipo de retrato que sea, en que los ojos es lo que mejor nos ayuda a identificar a las personas, y eso que existen en nuestra cabeza unos 30 músculos diferentes.
Así que, al igual que Kristina, os dejo detalle de los ojos de uno de mis últimos retratos a pastel.


